Autor: Alfredo Colunga
Hemos llegado a una cuarta evolución del sistema vivo social, dada la cual éste sistema ya no es capaz solamente de memoria respecto a energías ya capturadas y externas al sistema. En esta nueva fase, los competidores serán capaces de establecer modelos de la energía que previsiblemente se pueda capturar. Es decir, un ritmo de captura.
Los sistemas en competencia (las empresas, los estados), tienen una percepción de su consumo, de su ritmo de consumo, y pueden tener también una percepción de la energía disponible restante e incluso del ritmo de consumo de sus competidores.
Y sucede que en determinadas circunstancias la energía disponible restante aparece como limitada, un bien que los sistemas vivos implicados han concluido que no crecerá, sino que incluso, en los bienes no renovables, disminuirá con el tiempo. La combinación del análisis de consumo y el cómputo de la energía disponible restante ofrece, como resultado final, una predicción de las oportunidades de supervivencia.
¿Cuál es el resultado? El resultado es un nuevo tipo de evolución: la guerra. La guerra como acción emprendida no para consumir, sino para impedir que otros accedan a ese consumo.
El conocimiento de la energía disponible restante, y la percepción de su limitación por actores en competencia tiene consecuencias dramáticas en la evolución de los sistemas vivos en competencia por esa energía, y, más específicamente, ha marcado la evolución humana.
La guerra ha caracterizado la evolución humana durante largos períodos de tiempo. La guerra por la tierra responde desde esta perspectiva a un doble motivo:
Estos bienes serán motivo de guerra. Singularmente, las materias primas. En ciertas fases, la energía externa al sistema –otra materia prima-.
La tierra fue el motivo de guerras generalizadas durante milenios, hasta el momento en el que la productividad aumentó, y la energía que de ella se obtenía –alimentos, ganado- dejó de ser un factor crítico. Sin embargo, el motivo de la guerra no ha variado desde entonces. La guerra, concebida como herramienta de disputa por una energía limitada y no renovable, es un acto racional.
La guerra racional se caracteriza por los siguientes elementos:
La guerra racional altera, y acelera, la evolución. Pondré dos ejemplos que creo que muestran esto con claridad.
Imaginemos una isla desierta. Diez mejillones llegan a ella. En la isla existen cien raciones de comida para mejillones. ¿Qué sucederá? Los mejillones vivirán en la isla once días, diez de ellos bien alimentados y felices.
Supongamos ahora que a la isla desierta llegan diez personas. Y en la isla hay cien raciones de alimentos ¿Podrían llegar estas personas a soluciones democráticas?
La respuesta en este caso será, naturalmente, que depende de a qué llamemos comida para cien personas. Esa comida pueden ser 100 fuentes de alimento, capaz cada una de alimentar indefinidamente a una persona, o podemos estar refiriéndonos simplemente a cien raciones de alimentos.
En el primer caso se pueden organizar las cosas. Disponiendo de cien fuentes de alimento, las diez personas pueden no solamente llegar a acuerdos sino, durante un tiempo al menos, crecer y multiplicarse.
Pero si hablamos de cien raciones de comida, esas diez personas no podrán llegar a soluciones democráticas de reparto. Esos diez individuos no pueden aspirar a colaborar para su supervivencia, porque más antes que después las 100 raciones de comida – o mil, que tanto da- se agotarán. Así que de modo quizás inconsciente al principio, pero más claramente estratégico según avance el tiempo, esas diez personas encerradas en la pequeña isla irán midiendo sus fuerzas para interrumpir y controlar, en beneficio propio, el suministro de alimentos de otros con el fin de alargar, en lo posible, la propia supervivencia.
Convirtámonos en novelistas por un momento: si las partes son prudentes veremos cómo en la isla, de forma sorpresiva y misteriosa, irán aconteciendo oscuros asesinatos, extrañas desapariciones de individuos caracterizados por su carácter solitario e introvertido, y con ellos las de sus raciones de alimentos. Reunidos en torno al primer cadáver, los supervivientes comprenderán que podría haberles pasado a ellos, y experimentarán la necesidad de formar un grupo propio, o integrarse en uno ya existente que pueda servir de protección. En el supuesto de que no haya un individuo claramente dominante que aglutine, desde el comienzo, a un grupo ganador, podrán formarse varios grupos más pequeños.
Ante la evidencia de lo cerrado de la situación, y de que quien da primero da dos veces, en algún momento se declarará una guerra abierta. Si tras la victoria de uno de los grupos la situación de limitación de reservas persiste, y si a estas alturas ese grupo tiene ya un líder sólido, éste podrá administrar la supervivencia de sus ayudantes, simplemente cuidando la evitación de pactos. Cuanto más avance la escasez tanto más probables se irán haciendo el magnicidio o la absoluta soledad del líder.
Vemos que la capacidad de evaluar la energía disponible restante transforma radicalmente el proceso evolutivo.
The E day for Energy es un proyecto artstico iniciado por Alfredo Colunga y producido por Laboral Centro de Arte y Creacin Industrial para la exposicin "Banquete: Nodos y Redes"
The E day for Energy es un proyecto artstico que ha sido posible gracias a un trabajo de investigacin previo llevado a cabo por Alfredo Colunga y financiado por Caja Rural de Asturias.